No acaba cuando pita el árbitro

No acaba cuando pita el árbitro

Una de las cosas más impactantes del deporte de élite es el ambiente que se genera en un vestuario tras una derrota. El silencio extremo, los cuerpos abatidos, deportistas tapándose la cara como queriendo no ver lo sucedido…

Y lo peor de todo es que esa sensación no se queda en el vestuario, sino que deportistas y entrenadores se la llevan con ellos a su coche, y luego a su casa, y luego a la cama…

 

Y al día siguiente, muchos han conseguido pasar página mientras otros continúan anclados en la derrota y simplemente esperan el paso del tiempo para, poco a poco, ir recuperándose.

¿Pueden gestionarse mejor esos momentos?

Robert Jones Burdette escribió en su obra “El día dorado” una cita que nos viene como anillo al dedo para entender cómo podemos tratar de ponerle fin a la espiral autodestructiva que conlleva la derrota:

No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana.

Y es que sabremos que estamos haciendo una mala gestión de la derrota cuando nos quedamos anclados en el pasado rememorando una y otra vez todo lo que ha pasado y lo que entendemos que hemos hecho mal; y también cuando nos trasladamos a un futuro inventando en el que, a partir de ahora todo será negro, todo será mucho más difícil, “ya no podemos perder el siguiente, ¿qué pasa si perdemos? Ya no me pondrán de titular, será mi última oportunidad, ya no conseguiremos el objetivo…”

Entonces, ¿qué puede hacer el deportista/entrenador para mejorar la gestión de esos momentos?

Como las dos sensaciones más comunes tras la derrota son las de la culpa (nos mantiene en el pasado) y las de la preocupación (nos lleva al futuro), el fundamento básico que debemos perseguir es el de limitar una y evitar la otra.

¿Cómo hacerlo?

En primer lugar, resulta clave no dejar esos momentos al azar. Para una adecuada salud mental, el deportista debe asumir que el partido no acaba cuando el árbitro pita el final, sino que en ese momento empieza otra fase, la fase en la que debe aprender a gestionar sus emociones. Por tanto, el deportista/entrenador debe definirse una rutina post-partido que sea siempre igual y que pensamos que debe incluir:

  1. Inicio y final marcado. Si no decides de forma consciente en qué momento pasas página, entonces serán tus emociones y las circunstancias externas las que lo decidirán por ti.
  2. Tiempo para el desahogo. Somos personas, no máquinas. Es normal y natural que pasemos por una fase de tristeza, frustración, enfado… y no podemos reprimirlas. La rutina debe permitir ese desahogo. Pero debe hacerse de una forma constructiva y adecuada que te podemos enseñar a hacer.
  3. Tiempo para aceptar lo sucedido. Aceptar no es resignarse. Aceptar es ser consciente de lo sucedido, saber que ya no se puede cambiar el pasado, pero extraer todos los aprendizajes posibles de esa vivencia para reducir la probabilidad de que vuelva a ocurrir en el futuro. Coge papel y lápiz y respóndete estas preguntas:
    1. ¿Qué no hice y podría haber hecho?
    2. ¿Qué podría haber hecho mejor o de otra forma?
    3. ¿Qué hice mal?
    4. ¿Cómo podría aumentar la probabilidad de hacer bien eso que hice mal?
    5. ¿De qué estoy orgulloso? ¿Qué hice bien?
  4. Plan de acción hacia futuro. Ponemos el foco ya en los retos que tenemos por delante. ¿Qué necesita el equipo de mi ahora? ¿Cómo empezamos desde mañana a prepararnos de la mejor forma posible para el siguiente reto?
  5. Tarea de cambio de chip. De forma intuitiva todos tratamos de llegar a la fase 5. El problema es que tratamos de hacerlo de forma inmediata. Acaba el partido y trato de hacer algo que me ayude a no pensar en ello. Sin embargo, si te saltas las fases anteriores, te garantizamos que lo que te preocupa vendrá a ti una y otra vez porque será un asunto inconcluso en tu mente. Después de los pasos 2, 3 y 4, sí, puedes sumergirte en otra tarea  que te llene y te ayude a no pensar.

Una última cosita…Para conseguir, de verdad, pasar página tienes que QUERER HACERLO. Aunque no lo creas, hay personas que se niegan a hacerlo, que en realidad ellos mismos no quieren pasar página. Que consideran que, ante una mala actuación o derrota deben autocastigarse y quedar anclados a ese dolor. Este tipo de reacciones son comprensibles en los perfiles de deportista en los que predomina la motivación de logro sobre la de tarea y, dentro de la de logro, la motivación de evitación. Esto es, son deportistas en los que su principal motivación para ganar es la de evitar el sufrimiento de la derrota y no el  de saborear el placer de la victoria. En estos perfiles resulta, hasta cierto punto lógico, que queden anclados al dolor porque lo ven como una herramienta de motivación.  Ahora bien, aunque eso sea natural para determinadas personas: ¿es lo óptimo?

¿Quieres que te ayudemos a definirte los detalles de esta rutina?